“6. Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo;”
1 Pedro 5:6
Realmente, el apóstol Pedro tenía muy claro su ministerio, y él tomó muy en serio el discipular a los nuevos creyentes en el evangelio de Jesucristo, por lo cual, en el versículo que leemos hoy, Pedro es muy enfático en sus enseñanzas, y nos dice: “Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios”, y esto, debemos leerlo y obedecerlo como una orden, un mandato ineludible, pues el humillarse es algo inherente a nuestra nueva vida en Cristo, debemos reconocer a Jesucristo como Señor y Salvador, debemos someternos a su soberanía, a su majestuosidad, a su poderío, frente a lo cual no podemos hacer nada más que humillarnos delante de Él. Cuando Pedro conoció a Jesús, vió algo que estremeció todo su ser, y su reacción fue reconocer de su incompetencia y su bajeza, y se sintió indigno de estar delante de Jesús (Lucas 5:8).
Luego, el versículo dice: “para que él os exalte cuando fuere tiempo”, o sea, es imprescindible el humillarse delante de Dios, para poder alcanzar nuestro propósito en Cristo, para ser reconocidos por el Señor cuando venga a buscarnos, y no estar confiados en lo que hacemos para Él, sino en haber muerto a nosotros mismos, y humillarnos delante de Él, para que Cristo haga su voluntad en nosotros, y seamos sus referentes, y mostremos su gloria, en su tiempo, no cuando nosotros queramos.
Pr. Herman Gajardo P.


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