“9. No arrebates con los pecadores mi alma, Ni mi vida con hombres sanguinarios,

10. En cuyas manos está el mal, Y su diestra está llena de sobornos.”

Salmo 26:9-10

En estos versículos que leemos hoy, David clama al Señor pidiéndole que no lo compare con los pecadores, con aquellos que no tienen temor a Dios, y viven conforme a sus propias concupiscencias, y escribe: “No arrebates con los pecadores mi alma”, o sea, que por favor no lo incluya con los pecadores, pues no quiere que su alma se pierda, luego agrega: “Ni mi vida con hombres sanguinarios”, David conocía la violencia de sus enemigos, conocía la crudeza de sus acciones, pues eran crueles, despiadados, feroces, salvajes, pero él había crecido teniendo siempre presente el temer a Dios, el obedecer sus mandamientos, y eso lo hacía diferente a esos hombres sanguinarios.

En el versículo 10, David agrega: “En cuyas manos está el mal, Y su diestra está llena de sobornos”, o sea, eran hombres que se vendían al mejor postor, no les importaba el porqué, solo bastaba la paga a recibir, hoy en día se les llama mercenarios, hombres desalmados, sin consciencia, abusadores, a los cuales David evitaba, para agradar a Dios, y escribió: “Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, Ni estuvo en camino de pecadores, Ni en silla de escarnecedores se ha sentado” (Salmo 1:1). Procuremos agradar siempre a Dios, con integridad y santidad.

Pr. Herman Gajardo P.