“15. Así que, por eso es mediador de un nuevo pacto, para que interviniendo muerte para la remisión de las transgresiones que había bajo el primer pacto, los llamados reciban la promesa de la herencia eterna.
16. Porque donde hay testamento, es necesario que intervenga muerte del testador.”
Hebreos 9:15-16
La muerte de Jesús encierra tanta profundidad, que no es fácil conocer todo lo que significa, porque es mucho más de lo que hemos entendido hasta ahora. En el versículo 15, que leemos hoy, nos explica otra razón importante: “Así que, por eso es mediador de un nuevo pacto”, o sea, por su muerte Jesús se hizo a sí mismo un mediador entre nosotros y Dios, intercediendo por nosotros con su sangre derramada, como lo hacía el cordero pascual según está establecido en la ley mosaica, pero Jesús, es el cordero provisto por Dios, “que quita el pecado del mundo”, como lo declaró Juan el Bautista, lo cual nos recuerda a Abraham cuando iba a sacrificar a su hijo Isaac, pues al final de ese episodio, Dios proveyó de cordero para ese holocausto, prediciendo a Jesús.
Luego, el mismo versículo 15, agrega: “para que interviniendo muerte para la remisión de las transgresiones que había bajo el primer pacto, los llamados reciban la promesa de la herencia eterna”, y eso, solo Jesús pudo cumplirlo con su muerte, y nos dio la promesa de su herencia eterna, lo que Él le pidió al Padre en su oración descrita en Juan 17:24. Para aclarar este concepto de herencia y cuándo recibirla, el versículo 16 lo aclara, diciéndonos: “Porque donde hay testamento, es necesario que intervenga muerte del testador”, Amén..!! y para que eso se cumpla, ¡¡Jesús murió..!!, para recibir nosotros esa herencia eterna, Gloria a Dios..!!. Y si de testamentos se trata, la Biblia se compone del Antiguo y el Nuevo Testamento, Jesús vino a cumplir toda la ley descrita en el Antiguo Testamento, Él no vino a abrogar la ley, sino a cumplirla (Mateo 5:17), y con su sangre establece, o escribe, un nuevo pacto, un Nuevo Testamento… y es para todos los que creamos en Él y obedezcamos sus mandamientos.
Pr. Herman Gajardo P.


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