“39. Y muchos de los samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por la palabra de la mujer, que daba testimonio diciendo: Me dijo todo lo que he hecho.
40. Entonces vinieron los samaritanos a él y le rogaron que se quedase con ellos; y se quedó allí dos días.
41. Y creyeron muchos más por la palabra de él,
42. y decían a la mujer: Ya no creemos solamente por tu dicho, porque nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente éste es el Salvador del mundo, el Cristo.”
Juan 4:39
El testimonio de la mujer samaritana, entre sus familiares y vecinos, causó una conmoción tal que todos se convencieron de que Jesús, realmente, era el Cristo que profetizaban las escrituras, y se apresuraron a ir a conocerlo, y le invitaron a quedarse con ellos, y esto ocurrió por el hambre y sed espiritual que tenía esa gente, que durante generaciones y generaciones esperaban la manifestación de Dios entre nosotros, y ahora estaba allí con ellos, y su presencia había que aprovecharla y darle la importancia que merecía.
Tremendo ejemplo nos dejó esta mujer, pues ella corrió a compartir lo que había encontrado, y sus palabras fueron convincentes para quienes la escucharon. Ese mismo ímpetu debiera nacer en cada uno de nosotros, al conocer a Jesús y reconocerlo como nuestro Salvador, nuestro deber es compartir con otros, con nuestra familia, nuestros vecinos, nuestros compañeros de trabajo, de estudios, y contarle cuán grandes cosas ha hecho el Señor con nosotros, de manera que ellos también quieran conocer al hijo de Dios.
La conmoción que se produjo ese día entre los samaritanos, al conocer a Jesús, produjo que le “decían a la mujer: Ya no creemos solamente por tu dicho, porque nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente éste es el Salvador del mundo, el Cristo”, todo esto quedó escrito para que nosotros hoy pudiésemos darnos cuenta de la grandiosidad que tiene el estar con Jesús, y escuchar como nos revela su esencia, y nos enseña a conocerle más, y nos explica que Él es el camino, que Él es la verdad, y que Él es la vida, y que nada es más importante que su Presencia entre nosotros. Maravilloso Dios.
Pr. Herman Gajardo P.


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