“1. Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos.
2. Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados;
3. y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos.
4. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen.”
Hechos 2:1-4
Estos versículos nos hablan acerca de lo sucedido cuando vino el Espíritu Santo, prometido por Dios en el Antiguo Testamento, y ratificado por Jesús a sus seguidores. Es tremendo lo que ocurrió ese día, en donde estaban alrededor de 120 personas, velando y orando en espera de la venida del Espíritu Santo. Era el Día de Pentecostés, una fiesta anual judía, que Dios elige para enviar su Espíritu.
El versículo 2 dice que de repente, después de muchos días de espera, se siente un ruido como el estruendo de un fuerte viento, y lenguas como de fuego aparecieron en cada uno de ellos, y todos fueron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otros idiomas, según el Espíritu les daba que hablasen. Tremendo. Maravilloso.
Las lenguas de fuego eran los idiomas que con ímpetu comenzaron a hablar los allí reunidos y hablaban en los diferentes idiomas de las personas que se encontraban en Jerusalén en esos días, debido a las diferentes fiestas que los judíos celebraban, y lo que hablaban en esos otros idiomas eran las maravillas de Dios y cada extranjero les oían hablar en sus propios idiomas. Realmente fue una tremenda y sorprendente manifestación del poder de Dios, y que aún hoy perdura.
Pr. Herman Gajardo P.


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