“7. Y Samuel no había conocido aún a Jehová, ni la palabra de Jehová le había sido revelada.

8. Jehová, pues, llamó la tercera vez a Samuel. Y él se levantó y vino a Elí, y dijo: Heme aquí; ¿para qué me has llamado? Entonces entendió Elí que Jehová llamaba al joven.

9. Y dijo Elí a Samuel: Ve y acuéstate; y si te llamare, dirás: Habla, Jehová, porque tu siervo oye. Así se fue Samuel, y se acostó en su lugar.

10. Y vino Jehová y se paró, y llamó como las otras veces: ¡Samuel, Samuel! Entonces Samuel dijo: Habla, porque tu siervo oye.”

2 Samuel 4:7-10

El profeta Samuel fue un regalo de Dios para su madre que era estéril, ella en agradecimiento lo trae al templo y lo consagra al Señor siendo un pequeño. El sacerdote Elí, lo hacía dormir al lado del Arca del Pacto. Qué hermoso lugar para dormir tenía el niño Samuel. El Arca representaba la Presencia del Señor y nada mejor que permanecer cerca de su Presencia.

El anhelo de un adorador es habitar en Su Presencia. Samuel en su niñez creció al alero de la Presencia de Dios y él aún no lo entendía. Los versículos que leímos narran la vez en que Dios quería hablar con Samuel y comenzar a cumplir el propósito para el cual lo estaba preparando, esto es, el ser su profeta.

Por tres veces Dios llama a Samuel y él pensaba que era Elí quien lo llamaba, hasta que el propio Elí se da cuenta que es Dios el que quiere comunicarse y le da instrucciones a Samuel para cuando Dios le vuelva a llamar: que diga “habla Señor, que tú siervo oye”.

Muchas veces Dios quiere hablar con nosotros para darnos instrucciones, pero nosotros, aún durmiendo en el templo, no nos damos cuenta. El problema está en que no sabemos reconocer Su Presencia, cuando Él está cerca. Por lo cual debemos aprender lo que Samuel aprendió: decirle a Dios “habla Señor, que tu siervo oye”, es necesario aprender a escuchar la voz de Dios cuando nos habla, a través de su Palabra escrita, a través de un sermón, a través de circunstancias en nuestra vida, y muchas otras formas que Dios puede utilizar.

Pr. Herman Gajardo P.