“20. Había ciertos griegos entre los que habían subido a adorar en la fiesta.

21. Éstos, pues, se acercaron a Felipe, que era de Betsaida de Galilea, y le rogaron, diciendo: Señor, quisiéramos ver a Jesús.

22. Felipe fue y se lo dijo a Andrés; entonces Andrés y Felipe se lo dijeron a Jesús.

23. Jesús les respondió diciendo: Ha llegado la hora para que el Hijo del Hombre sea glorificado.

24. De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto.

25. El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará.

26. Si alguno me sirve, sígame; y donde yo estuviere, allí también estará mi servidor. Si alguno me sirviere, mi Padre le honrará.”

Juan 12:20-26

Los versículos que leemos en el párrafo bíblico de hoy, nos hablan de unos griegos que había venido a Jerusalén, para ver la fiesta que realizaban los judíos, y específicamente, en esta ocasión, querían hablar con Jesús. Inevitablemente la fama de Jesús había traspasado las fronteras y no solo era conocido en Judea, sino también en otros países. Sabemos que Jesús vino con su mensaje de salvación a su pueblo, y esto no solo porque Él era judío, sino porque las escrituras hablaban de salvación y restauración pero solo para el pueblo de Israel, y no para los extranjeros.

Pero en esta ocasión, Jesús revela a sus más cercanos que el hecho de que gentiles, o extranjeros, preguntasen por Él, era porque “la hora había llegado”, la hora de que se cumpliese su propósito de salvación no solo para el pueblo judío, sino para todos los que creyeran en Él, ya sean judíos, o extranjeros. Por lo cual se deduce que para Jesús fue el momento culminante para anunciar su muerte, Jesús lo declara al decir que había llegado el momento de su glorificación.

Jesús enseña esto diciendo que “si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto”, dando a entender con esto de la importancia de su muerte, y de nuestra muerte, pues si nosotros no morimos, entonces no podremos llevar fruto. Además, agrega “El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará”, que tremenda y profunda enseñanza, y muy necesaria para nuestro enfoque de vida en Cristo. Bien dijo Pablo en una de sus cartas: “ya no vivo yo, más vive Cristo en mi”. La hora de tomar en serio nuestra vida cristiana, y servir a Dios en integridad ha llegado.

Pr. Herman Gajardo P.