“1. Escucha, oh Dios, la voz de mi queja; Guarda mi vida del temor del enemigo.

2. Escóndeme del consejo secreto de los malignos, De la conspiración de los que hacen iniquidad,

3. Que afilan como espada su lengua; Lanzan cual saeta suya, palabra amarga,

4. Para asaetear a escondidas al íntegro; De repente lo asaetean, y no temen.

5. Obstinados en su inicuo designio, Tratan de esconder los lazos, Y dicen: ¿Quién los ha de ver?

6. Inquieren iniquidades, hacen una investigación exacta; Y el íntimo pensamiento de cada uno de ellos, así como su corazón, es profundo.

7. Mas Dios los herirá con saeta; De repente serán sus plagas.

8. Sus propias lenguas los harán caer; Se espantarán todos los que los vean.

9. Entonces temerán todos los hombres, Y anunciarán la obra de Dios, Y entenderán sus hechos.

10. Se alegrará el justo en Jehová, y confiará en él; Y se gloriarán todos los rectos de corazón.”

Salmo 64

Es sorprendente leer este Salmo, escrito por David, y darse cuenta que sus temores, aún sabiendo que tenía un Dios Grande y Poderoso, le acechaban de la misma manera que hoy, miles de años después, nosotros también padecemos, y más aún, nos conmueve ver en cada verso, la profundidad y sentimiento que David puso en sus palabras y las escribió, para que Dios hoy nos haga vernos reflejados, como en un espejo, nuestros temores, y nuestra necesidad de confiar en Dios para pedir su protección.

Si usted lee con calma este Salmo, y medita en él, se dará cuenta que habla de las diferentes estrategias y artimañas que el enemigo usa para atacarnos, y frente a lo cual debemos estar siempre bajo la protección de nuestro gran Dios, pues de lo contrario, cada día estaremos expuestos a ser atacados sin misericordia por el enemigo, el cual nos acecha de día y de noche, por lo cual, al igual que David, solo debemos orar al Señor, y confiar en que Él se encargará de nuestros enemigos, y veremos su victoria y nos alegraremos de estar cobijados siempre por el Señor.

Pr. Herman Gajardo P.