“1. Porque quiero que sepáis cuán gran lucha sostengo por vosotros, y por los que están en Laodicea, y por todos los que nunca han visto mi rostro;”

Colosenses 2:1

El apóstol Pablo no ocultaba lo que hacía en su ministerio, de hecho él da a conocer lo bueno y también lo malo que muchas veces tuvo que enfrentar, y esto pues Pablo sabía que no siempre las cosas salen bien, o como uno lo espera, de hecho él sufrió bastante por lo causa, pero lo relata más bien como buenas experiencias de crecimiento en el caminar con Cristo, que como derrotas espirituales y quejarse ante el Señor. En una de sus cartas a la Iglesia de Corinto, les comparte: “Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera; respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mí. Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo” (2 Corintios 12:7-9).

Pablo sabía a quien había creído, por lo cual, con mucha autoridad escribe este versículo que leemos hoy, y nos dice: “Porque quiero que sepáis cuán gran lucha sostengo por vosotros”, en otras palabras nos comparte que no es fácil el preocuparse por los discípulos, pues el enemigo sigue levantándose en nuestra contra para atemorizarnos, para engañarnos, y desanimarnos en nuestro trabajo. Luego el versículo continúa con: “y por los que están en Laodicea, y por todos los que nunca han visto mi rostro”, o sea por la Iglesia del último tiempo, y aún por los que no conocemos, pero que también Dios nos ha permitido llegar hasta ellos, sobre todo en este tiempo con la Internet, que también usamos para proclamar el evangelio.

Pr. Herman Gajardo P.