“18. sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata,”

1 Pedro 1:18

En el versículo que leemos hoy, el apóstol Pedro, inspirado por el Espíritu Santo, nos enseña, o más bien nos recuerda, que hemos sido “rescatados de nuestra vana manera de vivir”, aclarándonos que nuestra vida, sea cual sea la generación en que nos haya tocado vivir, al estar lejos de Dios, estábamos perdidos, sin rumbo, sin futuro, solo existiendo, por lo mismo, nos esforzábamos por darle un sentido a nuestra existencia, pero sin Dios, sin un soporte, sin un fundamento, solo hacemos lo que mejor nos parece, “a mi manera” (como declara una canción que para muchos es un modelo a seguir), pero esta forma de vivir es totalmente vana, infructuosa, sin consistencia, y no nos damos cuenta que solo nos lleva a la muerte eterna, incluso algunos se jactan de vivir así, sin normas, sin reglas, sin imposiciones, total, dicen “después de esta vida, no hay otra”, pero eso es un error, una ignorancia, una porfía, una tozudez, que viene de los planteamientos y filosofías del mundo.

Pero nosotros, los que hemos conocido y gustado el evangelio, reconocemos que el Señor Jesucristo nos rescató de esa “vana manera de vivir”, la cual recibimos de “nuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata” según leemos en la segunda parte del versículo, y esto es para que tengamos claro que esta manera de vivir es lo que heredamos de nuestros padres, debido al pecado que mora en el ser humano, y no es una herencia como oro o plata, sino que es la consecuencia de habernos apartado de Dios y de sus mandamientos, por lo cual, el enfoque de la Palabra de hoy es a volver al Señor, y reconocer que Él nos ha salvado, y que nos ha dado una nueva vida en victoria, de lo contrario, seguiremos confundidos viviendo a nuestra manera.

Pr. Herman Gajardo P.