“25. de la cual fui hecho ministro, según la administración de Dios que me fue dada para con vosotros, para que anuncie cumplidamente la palabra de Dios,”
Colosenses 1:25
La predicación de la Palabra y la propagación de las buenas nuevas del evangelio de Jesucristo se transformó en la importancia suprema de su quehacer diario para el apóstol Pablo, por lo cual su razón de vivir ya no era él ni sus planes, ni sus sueños, sino que ahora él dice: “Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia” (Filipenses 1:21), o sea, nada era más importante para Pablo que el hacer y cumplir la voluntad del Padre, por eso, en el versículo que leemos hoy, él escribe: “fui hecho ministro”, pues fue hecho un siervo de Jesucristo, como lo señala al inicio de varias de sus cartas, por lo cual, como buen siervo, Pablo obedece, pues, como ya hemos dicho, el estar al servicio del Señor es un honor, un privilegio, y en el versículo escribe: “según la administración de Dios que me fue dada para con vosotros”, Pablo asumió cabalmente la responsabilidad que Dios le impuso, porque Pablo “sabía a quien había creído“ (2 Timoteo 1:12), y nada impediría que él cumpliera su cometido.
El versículo termina con la frase: “para que anuncie cumplidamente la palabra de Dios”, y esta fue una decisión que el apóstol Pablo asumió, porque conoció al Autor de la vida, porque palpó el inmenso poder de Dios, porque nada para él era más importante que la persona de Jesucristo, de quien un día dijo: “Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo” (Filipenses 3:8). Pablo experimentó lo mismo que el profeta Jeremías cuando dijo: “No me acordaré más de él, ni hablaré más en su nombre; no obstante, había en mi corazón como un fuego ardiente metido en mis huesos; traté de sufrirlo, y no pude” (Jeremías 20:9).
Pr. Herman Gajardo P.


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