“11. fortalecidos con todo poder, conforme a la potencia de su gloria, para toda paciencia y longanimidad;”

Colosenses 1:11

El apóstol Pablo, en este versículo que leemos hoy, nos sigue enseñando acerca de las buenas consecuencias del orar insistentemente y constantemente por nuestros hermanos en la fe, pues seremos: “fortalecidos con todo poder”, y no solamente quienes oramos obtenemos estos resultados, sino también aquellos por los cuales estamos orando. Luego, el versículo agrega: “conforme a la potencia de su gloria”, y aquí entendemos que, lo que la Palabra nos dice, es que el gran poder prometido por el Señor Jesucristo cuando dijo: “y recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo” (Hechos 1:8), y si el Espíritu del Señor está en nosotros, entonces ya hemos sido fortalecidos, por el poder de su gloria en nosotros.

Pero el versículo no termina ahí, sino que finaliza con la siguiente enseñanza: “para toda paciencia y longanimidad”, o sea que la fortaleza con todo poder que recibimos, tiene un propósito definido por el Señor para nosotros, y es para alcanzar la paciencia que necesitamos, esa paciencia que proviene de aprender a esperar en Dios, y además, el versículo agrega la palabra longanimidad, que significa “grandeza y constancia ante las adversidades”, por lo cual entendemos la importancia de ser “fortalecidos en el poder de su fuerza” (Efesios 6:10), pues, para seguir adelante, sin fluctuar, y a pesar de las adversidades, necesitamos revestirnos de la “armadura de Dios” (Efesios 6:11), considerando que solo así podremos estar firmes y poder resistir en el día malo (Efesios 6:13). Prepárese para los días malos, y fortalézcase en el Señor, pues solo Él, “tiene cuidado de nosotros” (1 Pedro 5:7).

Pr. Herman Gajardo P.