“5. Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús,
6. el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse,
7. sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres;
8. y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.
9. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre,
10. para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra;
11. y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.”
Filipenses 2:5-11
Una canción que cantamos en nuestra congregación dice: “Exaltado… sobre la tierra… tu eres Señor… Exaltado… sobre el universo… tu eres Señor”, reconociendo el Señorío de Cristo sobre todo lo que existe. En el párrafo bíblico que leemos hoy, el apóstol Pablo nos enseña acerca de la majestuosidad de Jesús, y el sentir de Él mientras estuvo entre nosotros cumpliendo el propósito de su venida, en obediencia al plan de amor de Dios por nosotros, pecadores inmerecedores de tanta gracia y misericordia, pero Dios nos amó, y nos dio un Salvador, quien obedeció, cumplió, y venció… y “Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra”. Glorioso Salvador, Glorioso Señor. Si tú aún nos conoces a Jesús como verdaderamente Él es, te invito a acercarte a Dios, reconociendo su Señorío y Majestuosidad.
Pr. Herman Gajardo P.


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