“9. Pero evita las cuestiones necias, y genealogías, y contenciones, y discusiones acerca de la ley; porque son vanas y sin provecho.”
Tito 3:9
Hay muchas situaciones que acontecen en el día a día, y que inevitablemente nos llevan a tomar determinaciones, como aclarar algún mal entendido, alguna deuda impaga, alguien ofendido por algo, el alza del costo de la vida, un trabajo mal hecho o mal remunerado, alguna crítica mal intencionada, y un sinnúmero de situaciones que vemos en los noticiarios, todo lo cual o nos sentimos involucrados o afectados por algo, y todo eso nos lleva a conversarlo, llegando incluso a discutirlo por no encontrar eco a nuestro punto de vista al respecto, sea cual fuere el tema, tenemos la tendencia a imponer nuestro enfoque o pensamiento y por ende ganar la discusión. En los tiempos que estamos viviendo el hablar de política contingente, o de aspectos sociales imperantes, de guerras, de situaciones catastróficas, son temas que están en el ambiente, y que es imposible el evitarlos, o inmiscuirnos con nuestra opinión.
En el versículo que leemos hoy, nos damos cuenta que el discutir también era algo normal en la época en que fue escrita esta carta, y si bien es cierto había un sinfín de cosas por las cuales ellos discutían, el consejo de Pablo a Tito sigue vigente, pues estaba inspirado en el Espíritu Santo, y sigue siendo el mismo consejo para hoy: “evita las cuestiones necias, y genealogías, y contenciones, y discusiones acerca de la ley; porque son vanas y sin provecho”, el ganar o perder una discusión no tiene ninguna relevancia, pues la Palabra nos enseña que “son vanas y sin provecho”, por lo cual lo mejor es evitarlas. En todo caso los puntos de vista doctrinales o de interpretación bíblica aún son motivos de discusión, pero lo mejor es abocarse a lo que las sagradas escrituras establecen y no apasionarnos por imponer puntos de vista personales o influenciados solo por teólogos o libros existentes. El mensaje de la Biblia es claro y sólo es de bendición.
Pr. Herman Gajardo P.


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