“2. Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío; Mi Dios, en quien confiaré.”

Salmo 91:2

En este versículo que leemos hoy, David escribe declarando abiertamente y con mucha propiedad lo que es Dios para su vida, compartiendo con los lectores lo que ha sido su experiencia con el Señor, considerando que él había experimentado una y otra vez la benignidad de Dios en momentos de angustia, de incertidumbre, y de temor ante la adversidad, por lo cual, en este versículo escribe: “Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío”, o sea, David nos da a conocer lo que él hacía en sus tiempos de intimidad con el Señor, enseñándonos como él lograba tocar el corazón de Dios al reconocer que Él era su esperanza, que nada ni nadie más que el Señor tenía la respuesta precisa a su necesidad, además declara que Dios es su castillo, o sea, su lugar de refugio, su escondedero, su lugar seguro.

Luego, el versículo termina con la siguiente declaración: “Mi Dios, en quien confiaré”, Dios, era su Dios, el único que sí respondía a sus plegarias, el único que lo fortalecía en momentos difíciles, el único que le daba sabiduría para gobernar, el único Dios digno de adorar, no así los dioses de sus enemigos, que solo eran ídolos, imágenes sin vida, y sin nada que ofrecer, pero en el Dios de David sí se podía confiar, pues siempre respondía y además se manifestaba con poder y gran gloria. Ese Dios viviente de David hoy es nuestro Dios, en quien confiamos, a quien adoramos por su gran amor y su gran misericordia, Él es nuestra esperanza, y Él es nuestro castillo.

Pr. Herman Gajardo P.