“2. en la esperanza de la vida eterna, la cual Dios, que no miente, prometió desde antes del principio de los siglos,”

Tito 1:2

Cuando Dios creó a Adán y Eva, los creó para que vivieran eternamente, pero también fue enfático en decirles que no comieran del árbol del bien y del mal, que estaba en el centro del huerto del Edén, pues si lo hicieren, morirían (Génesis 2:17), pero muchos se preguntarán que no murieron, pero al ser expulsados del Edén, por su desobediencia, perdieron la comunicación directa con Dios, o sea, murieron espiritualmente, pues al no tener un relacionamiento con el Padre, es estar muerto. Aunque físicamente siguieran existiendo tendrían que trabajar la tierra y ganarse el pan con el sudor de su frente, y este cambio trae un desgaste natural del organismo y el cuerpo muere, por lo cual, Dios posteriormente establece un tiempo promedio de vida (Salmo 90:10). Por lo tanto, necesitamos volver al propósito de Dios para nosotros, y esto es el darnos vida eterna, por eso estaba también en el huerto del Edén, el Árbol de Vida Eterna, que ahora sabemos representaba a Jesucristo.

En el versículo que leemos hoy, nos dice claramente, que Dios nos prometió, “desde antes del principio de los siglos”, una esperanza de vida eterna, y enfatiza que Dios no miente, por lo cual tenemos la seguridad que lo cumplirá por el inmenso amor de Dios, como dice en Juan 3:16: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”, y con esa declaración, pronunciada directamente por Jesucristo, ratifica el plan de Dios para la humanidad de darnos vida eterna, esto es a Jesucristo, nuestra esperanza de vida.

Pr. Herman Gajardo P.