“13. aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo,”

Tito 2:13

Mientras vivamos en este mundo, y estemos cumpliendo el propósito para el cual Dios nos ha dado vida, considerando que por nuestra parte hemos aceptado el desafío de servir al Señor, y a pesar de las artimañas del enemigo por apartarnos de su mano poderosa, nos hemos aferrado a sus promesas de amor, con la certeza que Él está con nosotros, y Él cumple sus promesas, el versículo que leemos hoy nos insta a seguir: “aguardando la esperanza bienaventurada”, esa maravillosa esperanza que sostiene nuestra vida, pues, aunque a veces nos parece que su venida se tarda, debemos aprender a esperar, a ser pacientes, a permanecer velando, siendo fieles, leales, íntegros, sin desmayar, continuar con nuestro cometido, sin perder nuestro enfoque en su Palabra, obedeciendo y cumpliendo sus preceptos y mandamientos, siendo enseñados cada día por su gracia y su gran misericordia.

El versículo continúa recordándonos, y ratificando, lo que es inminente que acontezca: “la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo”, y aquí, indudablemente, nos está enseñando acerca del glorioso retorno de Jesús, tal como los ángeles lo profetizaron, el día que Jesús ascendió a los cielos, diciendo: “Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo” (Hechos 1:11), y esa promesa es nuestra gloriosa esperanza: que vuelva..!!; Jesús es nuestra  esperanza de gloria, y su maravillosa manifestación gloriosa, aquella que anhelamos ocurra prontamente, tal como en su Palabra lo aprendemos: “Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven” (Apocalipsis 22:17), “Ciertamente vengo en breve. Amén; sí, ven, Señor Jesús” (Apocalipsis 22:20).

Pr. Herman Gajardo P.