“5. Esperé yo a Jehová, esperó mi alma; En su palabra he esperado.

6. Mi alma espera a Jehová Más que los centinelas a la mañana, Más que los vigilantes a la mañana.”

Salmo 130:5-6

Somos impacientes por naturaleza, esperar el día de nuestra graduación, esperar nuestro cumpleaños, esperar esa importante cita con el médico, esperar los resultados de nuestros exámenes, esperar nuestro lugar en la fila, esperar el día de pago, esperar esa respuesta del banco, son todas situaciones que nos tensionan por nuestra falta de paciencia, pues no nos gusta esperar, de hecho, nuestro entorno nos lleva a pensar que todo puede ser rápido, café instantáneo, sopas instantáneas, la tecnología nos ayuda a conocer de inmediato lo que sucede en el mundo, los teléfonos celulares con su velocidad 5G siguen desplazando a los lentos computadores, basta una llamada y en pocos minutos nos traen el almuerzo o alguna comida que nos apetezca, pero, esperar más allá de lo debido de inmediato nos sulfuramos, nos enojamos, nos idiotizamos porque alguien nos hizo esperar.

Los versículos que leemos hoy, nos enseñan a esperar en el Señor diciéndonos: “Esperé yo a Jehová, esperó mi alma; En su palabra he esperado”, y esto, no es instantáneo, Dios tiene el poder para acelerar todo a nuestro favor, pero Él quiere que aprendamos a esperar, y pacientemente esperar (Salmo 40:1), luego, en el versículo siguiente, leemos: “Mi alma espera a Jehová Más que los centinelas a la mañana, Más que los vigilantes a la mañana”, solo en Dios está la respuesta que necesitamos, nuestra alma lo sabe bien, seamos pacientes, la respuesta llegará.

Pr. Herman Gajardo P.