“24. Llegó entonces a Éfeso un judío llamado Apolos, natural de Alejandría, varón elocuente, poderoso en las Escrituras.
25. Éste había sido instruido en el camino del Señor; y siendo de espíritu fervoroso, hablaba y enseñaba diligentemente lo concerniente al Señor, aunque solamente conocía el bautismo de Juan.”
Hechos 18:24-25
En el párrafo bíblico que leemos hoy, encontramos a un hombre judío, llamado Apolos, y el versículo 24 lo menciona como un “varón elocuente, poderoso en las Escrituras”, o sea, era elocuente porque tenía la “Facultad de hablar bien, con fluidez, con propiedad, y de manera efectiva para convencer a quien escucha” (según definición en diccionario), y además, era poderoso en las escrituras, o sea, sabía mucho de ella, especialmente lo concerniente a las leyes mosaicas que los judíos respetaban y practicaban, por lo cual, su hablar y su enseñanza, era oída y creída por quienes escuchaban sus enseñanzas. En el versículo 25, leemos que: “Éste había sido instruido en el camino del Señor; y siendo de espíritu fervoroso, hablaba y enseñaba diligentemente lo concerniente al Señor, aunque solamente conocía el bautismo de Juan”.
Con esto, entendemos que Apolos era un apasionado por dar a conocer las escrituras, y todo lo que él había entendido de ella, además, había sido bautizado por Juan, pero, a pesar de su capacidad y lo fervoroso para compartir la Palabra, Apolos necesitaba conocer más de Jesús, al igual que muchos en el día de hoy, pues Jesús es la fuente de nuestra predicación.
Pr. Herman Gajardo P.


Sé la primera persona en compartir una reflexión.