“3. Fortaleced las manos cansadas, afirmad las rodillas endebles.

4. Decid a los de corazón apocado: Esforzaos, no temáis; he aquí que vuestro Dios viene con retribución, con pago; Dios mismo vendrá, y os salvará.

5. Entonces los ojos de los ciegos serán abiertos, y los oídos de los sordos se abrirán.

6. Entonces el cojo saltará como un ciervo, y cantará la lengua del mudo; porque aguas serán cavadas en el desierto, y torrentes en la soledad.

7. El lugar seco se convertirá en estanque, y el sequedal en manaderos de aguas; en la morada de chacales, en su guarida, será lugar de cañas y juncos.”

Isaías 35:3-7

Frente a las vicisitudes a que nos hemos visto enfrentados, debido principalmente a la pandemia y a sus nefastas consecuencias, el mundo entero está padeciendo, y que muchos de nosotros hemos experimentando junto a nuestras familias, nuestro ánimo por seguir adelante ha ido mermando, y el cansancio emocional nos agobia, trayendo como consecuencia que el desánimo se apodere de nosotros.

Dios conoce nuestras vidas y Él está pendiente de nosotros, por lo cual la Palabra de hoy nos anima diciéndonos: “Fortaleced las manos cansadas, afirmad las rodillas endebles. Decid a los de corazón apocado: Esforzaos, no temáis”, y esas son palabras que efectivamente nos animan y nos hacen sentirnos protegidos y cuidados por el Señor, y nuestros ojos comienzan a abrirse y nuestros oídos se ponen atentos a recibir instrucciones de Dios para nuestras inquietudes.

Es hermoso saber que cuando todo nos parece oscuro, Dios toque nuestras vidas con su Palabra y nos diga que Él está con nosotros, y nos anima diciéndonos que Él cavará en el desierto y de allí brotarán aguas y el sequedal será convertido en manantiales de aguas, y que el cojo saltará de alegría y la lengua de los mudos hablará, o sea, cosas poderosas comienzan a ocurrir cuando Dios interviene en nuestro caminar. Bendito sea el Señor.

Pr. Herman Gajardo P.