“2. Escudríñame, oh Jehová, y pruébame; Examina mis íntimos pensamientos y mi corazón.”

Salmo 26:2

Según el diccionario, “escudriñar” tiene que ver con examinar, con inquirir, con averiguar cuidadosamente algo y sus circunstancias, o sea, no se trata solamente para saber cómo es algo, sino también para pensar en las circunstancias y consecuencias de ese algo. En el versículo que leemos hoy, dice: “Escudríñame, oh Jehová, y pruébame”, David le pide al Señor que lo escudriñe, que sondee en su corazón y que pruebe su integridad, pues con total sinceridad él se está presentando delante de la majestuosidad de Dios, y espera ardientemente ser encontrado apto para que la misericordia del Señor le sea propicio. Este sentir de David es el que debe fluir de cada uno de nosotros, y aprender someternos a la perfecta voluntad de Dios, y anhelar ser examinados por el Señor cada día.

Luego, el versículo dice: “Examina mis íntimos pensamientos y mi corazón”, sabemos que Dios conoce las intenciones de nuestro corazón (Hebreos 4:12), pero aquí el salmista le pide al Señor que examine su corazón, porque David sabía que no basta la buena intención que podamos tener, sino la integridad con la que actuamos en nuestro diario vivir. Cuando Dios le dió instrucciones al profeta Samuel, para ungir a un nuevo rey para Israel, le dice: “He encontrado a un hombre conforme a mi corazón”, y David era solo un niño, pero Dios ya sabía que este niño tenía un corazón sensible, dócil, íntegro, y eso, es lo que agradó a Dios.

Pr. Herman Gajardo P.