“ 33. Dios es el que me ciñe de fuerza, Y quien despeja mi camino;

34. Quien hace mis pies como de ciervas, Y me hace estar firme sobre mis alturas;

35. Quien adiestra mis manos para la batalla, De manera que se doble el arco de bronce con mis brazos.

36. Me diste asimismo el escudo de tu salvación, Y tu benignidad me ha engrandecido.

37. Tú ensanchaste mis pasos debajo de mí, Y mis pies no han resbalado.”

2 Samuel 22:34-37


Que gran verdad nos recuerdan estos versículos, nos reitera que Dios es nuestra fuerza, sobretodo en momentos en que flaqueamos ante las circunstancias adversas, y nuestros brazos flaquean, y nuestras rodillas se debilitan, hasta llegar al extremo que el desánimo nos agobia, y nos sentimos débiles, y nos sentimos solos, y hasta nos olvidamos de las promesas del Señor escritas en su Palabra, esa de la cual predicamos, esa con la cual animamos a los demás, y esta Palabra nos despierta, y nos hace ponernos de pie nuevamente, y es el Señor que se ha acercado a recordarnos que sus promesas siguen vigentes, que no han menguado ni se han acabado, y nos dice que su amor y su misericordia permanecen inamovibles.


Bendita Palabra del Señor, que quedó escrita para este día en que necesitamos renovar nuestras fuerzas, ponernos la armadura de Dios y soportar los ataques del enemigo, y Dios nos ciñe de fuerza..!!, y Dios despeja nuestro camino..!!, y me hace estar firme en mis alturas..!!, y adiestra mis manos para la batalla..!!, y puedo tensar y arquear el arco, aunque sea de bronce..!!, y tu salvación es como un escudo a mi alrededor..!!, y tu benignidad me engrandece..!!, y mis pies no resbalarán jamás..!!, Gloria a Dios..!! En Dios está mi confianza, pues Él es mi fortaleza..!!


Pr. Herman Gajardo P.