“9. Mas Jehová Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú?

10. Y él respondió: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí.

11. Y Dios le dijo: ¿Quién te enseñó que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol del que yo te mandé no comieses?

12. Y el hombre respondió: La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí.

13. Entonces Jehová Dios dijo a la mujer: ¿Qué es lo que has hecho? Y dijo la mujer: La serpiente me engañó, y comí.”

Génesis 3:9-13

Adán y Eva desobedecieron una orden directa de Dios, de no comer del árbol de la ciencia del bien y del mal, que estaba en medio del huerto del Edén, al sentirse descubiertos, se asustan y se esconden. Dios les visitaba diariamente en el Edén, y mantenía una comunicación fluida con ellos, pero ellos sucumbieron al engaño de la serpiente, y las consecuencias fueron desastrosas.

Dios busca a Adán y lo llama: “¿Dónde estás tú?”, cómo si no supiese dónde se esconde, o quizás jugando como un padre con su hijo, pero sabiendo dónde está. Es la ternura mostrada por Dios, a pesar del error cometido por Adán y Eva. Nuestra humana reacción si Dios nos llama, y nosotros sintiéndonos culpables, es de mucho temor, y olvidamos que, a pesar de todo, Dios nos ama.

Nuestras excusas y justificaciones  no sirven de nada ante la majestuosidad de nuestro gran Dios, quien todo lo sabe. El prestar nuestros oídos a otras voces, y más aún si su objetivo es desautorizar lo que Dios ha dicho, traerá como resultado nefastas consecuencias. Hay un versículo que dice: “todo lo que el hombre sembraré, eso también segará”. ¿Que estamos haciendo a espaldas de Dios?, ¿en qué o en quién estamos poniendo nuestra esperanza de vida?, ¿en filosofías extrañas, en la política, en lo social?. Seamos fieles y leales a nuestro Hacedor. Un día tendremos que dar cuenta de nuestro cometido.

Pr. Herman Gajardo P.