“12. Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia;”
Colosenses 3:12
Que hermoso versículo es este que leemos hoy, pues nos enseña a vestirnos apropiadamente, y muy especialmente ahora que somos hijos de Dios. Muchos piensan que la ropa es una cosa relacionada con la moda, incluso hay un dicho popular: “el hábito no hace al monje”, hay otro que dice: “aunque la mona se vista de seda, mona queda”, dando a entender que no se trata de cómo vestimos, sino de lo que realmente somos, pues no debemos fingir de algo que no somos. Pero, el versículo en cuestión dice: “Vestíos, pues, como escogidos de Dios”, o sea, primero hubo un cambio en nosotros, pues, al creer en Jesús, Él nos salvó de la muerte eterna, Él nos limpió de todos nuestros pecados, con su sangre, derramada en libación, nos santificó, por lo tanto, ahora nuestra vestimenta es diferente, ya no somos los de antes, no somos de aquellos que no nos importa como nos vean los demás, pues ahora somos representantes del reino de los cielos.
Luego, el versículo especifica nuestra vestimenta: “santos y amados”, Amén..!! Que no se nos olvide lo que somos ahora: “santos y amados”. Después, el versículo continúa dando instrucciones acerca de cómo vestir ahora, diciéndonos: “de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia”, Gloria a Dios..!! Tenemos mucha ropa para cubrir nuestras debilidades, nuestro agradecimiento genuino a quien nos salvó, nuestra pobreza espiritual… realmente Dios pensó en todo, pues a Adán y Eva Dios los vistió con pieles, pero a nosotros nos ha entregado mejores ropas para cubrirnos. Bendito sea siempre el Señor.
Pr. Herman Gajardo P.


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