“10. Y habiendo grande disensión, el tribuno, teniendo temor de que Pablo fuese despedazado por ellos, mandó que bajasen soldados y le arrebatasen de en medio de ellos, y le llevasen a la fortaleza.
11. A la noche siguiente se le presentó el Señor y le dijo: Ten ánimo, Pablo, pues como has testificado de mí en Jerusalén, así es necesario que testifiques también en Roma.”
Hechos 23:10-11
Las penurias y sinsabores que tenía que sufrir el apóstol Pablo, recién estaban comenzando, a pesar de todo lo que hemos visto y estudiado hasta ahora, basándonos en lo descrito en el libro de los Hechos. Esto debiera hacernos pensar que nosotros aún tenemos muchas más adversidades que enfrentar en nuestra vida cristiana, si es que de verdad nos hemos atrevido a dejar nuestra vida pasada y dejar que Dios cumpla su propósito en cada uno de nosotros, para lo cual, debemos permanecer fieles y leales a su llamado, tal como el apóstol Pablo nos ha enseñado con su vida y desempeño, hasta llegar a decir que estamos “gozosos de haber sido tenidos por dignos de padecer afrenta por causa del Nombre”, tal como lo hicieron los apóstoles (Hechos 5:41).
En el versículo 11, leemos: “A la noche siguiente se le presentó el Señor y le dijo: Ten ánimo, Pablo, pues como has testificado de mí en Jerusalén, así es necesario que testifiques también en Roma”, preparémonos y capacitémonos, pues Dios aún tiene planes con nosotros y, como dijo Marcos Vidal en una de sus canciones: “mientras viva yo, las piedras no hablarán”.
Pr. Herman Gajardo P.


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