“15. Y seguían a Jesús Simón Pedro y otro discípulo. Y este discípulo era conocido del sumo sacerdote, y entró con Jesús al patio del sumo sacerdote;

16. mas Pedro estaba fuera, a la puerta. Salió, pues, el discípulo que era conocido del sumo sacerdote, y habló a la portera, e hizo entrar a Pedro.

17. Entonces la criada portera dijo a Pedro: ¿No eres tú también de los discípulos de este hombre? Dijo él: No lo soy.”

Juan 18:15-17

Es interesante leer estos versículos, pues muchas veces pensamos o creemos que ser parte del grupo, estar inscrito (como puede decir alguien), escuchar cada día las enseñanzas de Jesús, y ver y ser parte de los prodigios y milagros que el Señor hace, obviamente pensamos que todo esto nos hace discípulos de Cristo, pero la realidad no es así, pues el concepto de ser un discípulo dista mucho de lo que hizo Pedro, un discípulo es ser alguien enseñado, dirigido, moldeado y capacitado por Jesús, y además seguirle, aprender y poner en práctica su disciplina.

El párrafo bíblico que leemos hoy, es lo que sucede mientras se llevan a Jesús detenido, y narra que Pedro, y otro discípulo (conocido del sumo sacerdote), seguían los acontecimientos y llegan al patio de la casa de Anás, pero Pedro se queda afuera, por lo cual el otro discípulo habla con la portera para que lo deje entrar, y aquí sucede lo inesperado para Pedro, la portera lo reconoce y le dice: “¿No eres tú también de los discípulos de este hombre?”… lo obvio hubiese sido que Pedro lo admitiera y se retirara, o escapara, pero lo niega, y dice tajantemente “No lo soy”.

Sabemos que Pedro niega al Señor tres veces seguidas, el porqué lo hizo, normalmente lo juzgamos, pero callamos AA las veces en que nosotros hoy, caemos ante la negación debido a la seducción del mundo con sus filosofías y planteamiento humanitarios que cuadran con nuestros planteamientos sociales, pero se alejan del direccionamiento bíblico y de lo que aprendimos de Jesús cuando dijo: “el que quiera venir en pos de mi, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame”. No neguemos a Cristo, mejor neguémonos a nosotros mismos.

Pr. Herman Gajardo P.