“3. Jehová, si mirares a los pecados, ¿Quién, oh Señor, podrá mantenerse?

4. Pero en ti hay perdón, Para que seas reverenciado.”

Salmo 130:3-4

En estos versículos que leemos hoy, el salmista reconoce que el pecado está en nosotros, pues, en su oración dice: “Jehová, si mirares a los pecados, ¿Quién, oh Señor, podrá mantenerse?”, quizás sea el mismo sentimiento que tuvo el pueblo de Israel cuando estaban en el desierto y por miedo no querían acercarse al monte de Jehová (Éxodo 20), o cuando el profeta Isaías vio al Señor en su santo templo (Isaías 6), en todo caso, cuando nos sentimos indignos de poder acercarnos al Señor por considerarnos pecadores, es un reconocimiento de nuestra condición, pero, ahora que Jesús vino a morir por nosotros y salvarnos de la maldición del pecado (Gálatas 3:13), entonces todo cambia a nuestro favor, pues Jesús es el camino para poder volver al Padre, a su santidad.

En el versículo 4, dice: “Pero en ti hay perdón”, y esta declaración, abre nuestro entendimiento para descansar en Cristo, pues solo en Él encontramos el perdón que nuestra alma anhela, y no seguir cautivos de nuestro mal proceder, porque Él vino a darnos libertad, ¡¡Gloria a Dios..!!, la muerte de Jesús, su sangre derramada nos limpia de todo pecado (1 Juan 1:7). Finalmente el versículo termina diciéndonos: “Para que seas reverenciado”, para que nunca olvidemos de reconocer su grandeza, su bondad y su misericordia, para que siempre le demos la gloria y la honra al Señor que se la merece, porque todo es de Él, y por Él, y para Él (Romanos 11:36).

Pr. Herman Gajardo P.