“5. Moraban entonces en Jerusalén judíos, varones piadosos, de todas las naciones bajo el cielo.

6. Y hecho este estruendo, se juntó la multitud; y estaban confusos, porque cada uno les oía hablar en su propia lengua.”

Hechos 2:5-6

El tremendo acontecimiento de la llegada del Espíritu Santo no pasó desapercibido para nadie, todos los turistas y visitantes que venían de otros países a ver las fiestas judías, supieron que algo tremendo estaba sucediendo en ese aposento alto, donde estaban los discípulos y seguidores de Jesús. El versículo 5, que leemos hoy, dice: “Moraban entonces en Jerusalén judíos, varones piadosos, de todas las naciones bajo el cielo”, habían allí gente que venían de todas las naciones conocidas en ese entonces, y a todos les causó curiosidad lo que allí estaba sucediendo, quizás como a mucha gente hoy día, que les causa curiosidad lo que sucede en las iglesias evangélicas, saben que algo allí sucede, la voz se corre, pero no se atreven a ir a comprobarlo, se conforman con solo hacerse una opinión personal al respecto, algunos con mucha consideración y respeto, otros negativamente hablan mal, y se mofan, se burlan, se ríen, y menoscaban la poderosa unción del Espíritu Santo.

En el versículo 6 dice: “Y hecho este estruendo, se juntó la multitud; y estaban confusos, porque cada uno les oía hablar en su propia lengua”, todos quedaron confusos, ¿que es esto?, “¿Maná?”, (Maná significa ¿que es esto?), simpatizantes y contrarios, todos, aún hoy, oyen “en su propia lengua”, en su propio idioma y dialecto, el mensaje del evangelio, lo maravilloso que es Dios y su gran amor por cada uno, pero siguen escépticos, sin comprender lo qué pasa, sin encontrar una explicación a lo que Dios sigue haciendo a través de sus siervos que están llenos del Espíritu Santo.

Pr. Herman Gajardo P.