“Y el carcelero hizo saber estas palabras a Pablo: Los magistrados han mandado a decir que se os suelte; así que ahora salid, y marchaos en paz. Pero Pablo les dijo: Después de azotarnos públicamente sin sentencia judicial, siendo ciudadanos romanos, nos echaron en la cárcel, ¿y ahora nos echan encubiertamente? No, por cierto, sino vengan ellos mismos a sacarnos.”
Hechos 16:36-37
Nuestro enemigo sabe, que la victoria de Cristo en la cruz del calvario, anuló todas sus artimañas de engaño en contra de nosotros, pero en tanto, mientras tiene tiempo, no cesa de buscar maneras para entorpecer nuestra relación con el Señor; su Palabra nos enseña, que él “anda como león rugiente buscando a quien devorar” (1 Pedro 5:8). En el versículo 36, que leemos hoy, dice que el carcelero les informa a Pablo y Silas, que los magistrados han dado la orden de dejarlos libres. En apariencia eso era bueno, y el carcelero, aún emocionado por toda la maravillosa experiencia vivida, agrega que ya podían irse en paz. Pero Pablo tenía otro punto de vista.
En el versículo 37, Pablo dice: “Después de azotarnos públicamente sin sentencia judicial, siendo ciudadanos romanos, nos echaron en la cárcel, ¿y ahora nos echan encubiertamente? No, por cierto, sino vengan ellos mismos a sacarnos”, el hecho de ser ciudadanos romanos lo cambia todo, pues nadie podía levantarse en contra de ellos, por lo cual Pablo los encara para que reconozcan el mal que hicieron. Nuestro respaldo viene de Dios, y nadie nos podrá hacer frente, el enemigo tendrá que rendir cuentas de todo lo malo en nuestra contra, pues “Ninguna arma forjada contra ti prosperará, y condenarás toda lengua que se levante contra ti en juicio” (Isaías 54:17). En manos de Dios siempre estaremos seguros.
Pr. Herman Gajardo P.


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