“29. y hablaba denodadamente en el nombre del Señor, y disputaba con los griegos; pero éstos procuraban matarle.

30. Cuando supieron esto los hermanos, le llevaron hasta Cesarea, y le enviaron a Tarso.

31. Entonces las iglesias tenían paz por toda Judea, Galilea y Samaria; y eran edificadas, andando en el temor del Señor, y se acrecentaban fortalecidas por el Espíritu Santo.”

Hechos 9:29-31

Saulo estaba realmente impactado por todo lo nuevo que estaba experimentando, y compartía con todos acerca de que Jesús era el Mesías, el Cristo que hablaban las escrituras, y discutía con judíos y con griegos, tratando de convencerlos y que salieran de su error. En el versículo 9, del párrafo bíblico que leemos hoy, dice que “hablaba denodadamente en el Nombre del Señor, y disputaba con los griegos”, pero la reacción de ellos, al igual que los judíos, fue el tratar de matarlo. Que lamentable es ver que el enemigo, lo único que se le ocurre, es eliminar al portador de las buenas noticias de Salvación para el que cree. En el versículo 30, leemos que los hermanos, para cuidar a Saulo, lo envían a una ciudad llamada Tarso, y allí se quedó Saulo para ser discipulado y esperar en el Señor.

En el versículo 31, leemos que en ese tiempo las iglesias “tenían paz, en Judea, Galilea y Samaria, y eran edificadas, andando en el temor del Señor, y se acrecentaban fortalecidas por el Espíritu Santo”, y esto debe ser notorio para nosotros hoy, pues solo habrá paz si nosotros andamos en el temor del Señor, en sujeción, en obediencia a nuestras autoridades eclesiásticas, y así seremos fortalecidos por el poder del Espíritu Santo en nosotros.

Pr. Herman Gajardo P.