“14. Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.

15. Juan dio testimonio de él, y clamó diciendo: Éste es de quien yo decía: El que viene después de mí, es antes de mí; porque era primero que yo.”

Juan 1:14-15

La Biblia es enfática en declara la supremacía de la Palabra de Dios, su Palabra es la ley, su Palabra es su voluntad, su Palabra se cumple y se cumplirá, un Salmo no enseña lo siguiente: “Por la palabra de Jehová fueron hechos los cielos, Y todo el ejército de ellos por el aliento de su boca” (Salmo 33:6), o sea todo lo que existe es por su Palabra declarada. En el Nuevo Testamento encontramos que la Palabra es sinónimo de Verbo, dándonos a entender que la Palabra, o el Verbo, es la persona de Jesucristo, y en el versículo que leemos hoy dice: “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros”, ratificando que Jesús es el Verbo, o la Palabra decretada por Dios, y además, el versículo agrega: “y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad”, refiriéndose claramente a Jesús.

Entonces, Jesús es la Palabra hecha carne, y además, es mucho más que eso, pues el apóstol Pablo, describiendo a Jesús, nos enseña: “Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten” (Colosenses 1:16-17). Gloria a Dios..!! Tremendo..!! Maravilloso..!! Creo sinceramente que debemos centrarnos en conocer más a Jesús en intimidad, y no me refiero solo a aprender de Él, de quien es Él, sino también a impregnarnos de Él, de manera de llegar a ser uno con Él. El apóstol Pablo un día declaró: “Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo, y ser hallado en él” (Filipenses 3:8-9).

Pr. Herman Gajardo P.