“13. Y pusieron testigos falsos que decían: Este hombre no cesa de hablar palabras blasfemas contra este lugar santo y contra la ley;
14. pues le hemos oído decir que ese Jesús de Nazaret destruirá este lugar, y cambiará las costumbres que nos dio Moisés.
15. Entonces todos los que estaban sentados en el concilio, al fijar los ojos en él, vieron su rostro como el rostro de un ángel.”
Hechos 6:13-15
Esteban, el primer mártir del cristianismo, en su defensa hace un discurso magistral, el cual está descrito en el libro de Hechos, capítulo 7, pero la reacción de los opositores, al oír todo eso, lo cual era una verdad ineludible, contratan testigos falsos, como dice en los versículo 13 y 14, que leemos hoy: “Y pusieron testigos falsos que decían: Este hombre no cesa de hablar palabras blasfemas contra este lugar santo y contra la ley; pues le hemos oído decir que ese Jesús de Nazaret destruirá este lugar, y cambiará las costumbres que nos dio Moisés”, y esto, pues la única opción que tiene el enemigo ante una verdad aclaratoria, es usar la mentira, la tergiversación de lo declarado, y falsas acusaciones en contra de quienes hasta hoy seguimos predicando el evangelio de Jesucristo. Es lamentable que todavía haya quienes tergiversan la sana doctrina enseñada por Jesús, y dan a conocer solo verdades a medias, pues conociendo las escrituras, prefieren ocultar ciertas cosas para no herir la susceptibilidad de los oyentes.
Pero la Verdad es Cristo..!! y en su verdad nos movemos y enseñamos, no se puede ocultar que para ser salvo, primero se debe creer en Jesucristo, “negarse a sí mismo, tomar su cruz cada día, y entonces seguirle” (Lucas 9:23), y no se debe saltar ningún paso..!!. En el último versículo de hoy, dice: “al fijar los ojos en él, vieron su rostro como el rostro de un ángel”, Esteban, al estar lleno del Espíritu Santo, su rostro resplandecía como si fuese un ángel. Nuestra apariencia cambia al estar en Cristo, es el reflejo de la Presencia de Dios en nosotros, pues ya no somos nosotros, sino Cristo en nosotros (Gálatas 2:20).
Pr. Herman Gajardo P.


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