“Y él, tomándolos en aquella misma hora de la noche, les lavó las heridas; y en seguida se bautizó él con todos los suyos. Y llevándolos a su casa, les puso la mesa; y se regocijó con toda su casa de haber creído a Dios. Cuando fue de día, los magistrados enviaron alguaciles a decir: Suelta a aquellos hombres.”
Hechos 16:33-35
Es interesante leer acerca de la transformación que hubo en el carcelero, pues , después de haber estado involucrado en los castigos y apremios en contra de Pablo y Silas, ahora que creyó en el evangelio de salvación, el versículo 33, narra lo siguiente: “Y él, tomándolos en aquella misma hora de la noche, les lavó las heridas; y en seguida se bautizó él con todos los suyos”, Tremendo, Maravilloso, Notable, el carcelero estaba irreconocible, lo conocimos como un castigador, y ahora lo vemos curando las heridas de los presos, un cambio que solo Dios puede efectuar. Luego se bautizó junto a toda su familia, después lleva a Pablo y a Silas a su casa, los alimentó, “y se regocijó con toda su casa de haber creído en Dios” (vv 34). Gloria a Dios.
En el versículo 35, leemos que: “Cuando fue de día, los magistrados enviaron alguaciles a decir: Suelta a aquellos hombres”, no había razón para que Pablo y Silas siguieran presos, por lo cual, se declara su libertad, pero Dios, que siempre tiene el control de todo, ya había llegado a la vida del carcelero, a su familia, y estoy seguro a muchos de aquellos que estaban en esa cárcel, y que fueron testigos del poder de Dios actuando. Al llegar el día, llegó la orden de libertad, pero en realidad la libertad se hizo tangible a la medianoche, después que Pablo y Silas decidieron adorar a Dios en medio de la adversidad, y Dios se manifestó.
Pr. Herman Gajardo P.


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