“7. y a la mañana veréis la gloria de Jehová; porque él ha oído vuestras murmuraciones contra Jehová; porque nosotros, ¿qué somos, para que vosotros murmuréis contra nosotros?

8. Dijo también Moisés: Jehová os dará en la tarde carne para comer, y en la mañana pan hasta saciaros; porque Jehová ha oído vuestras murmuraciones con que habéis murmurado contra él; porque nosotros, ¿qué somos? Vuestras murmuraciones no son contra nosotros, sino contra Jehová.”

Éxodo 16:7-8

La murmuración es el resultado del descontento, de la incertidumbre, de la desesperanza. Pero también es la exteriorización de lo que hay en nuestro corazón: amarguras, desencantos, celos, ira, agobio y tantas cosas que nos guardamos y que afloran frente a cualquier injusticia que a nuestro parecer es necesario exponer, aún a costa de hablar en contra de nuestras autoridades, justificándonos muchas veces en que son muchos los que piensan como nosotros.

El problema real es que no nos damos cuenta que la murmuración no es en contra de a quien nosotros las dirigimos, sino en contra de Dios. Eso nos dice su Palabra.

Dios desea lo mejor para nosotros, de hecho Él “tiene pensamientos de paz y no de mal”, como nos recuerda el profeta Jeremías. Y aún así, siendo nosotros malos, el amor de Dios permanece intacto, solo debemos arrepentirnos de nuestros exabruptos y ponernos a cuenta con el Señor, pues Él escudriña nuestros corazones. No sigas sufriendo al no poder controlar esos impulsos que te llevan a murmurar, deja que Dios tome el control de tu vida y verás como todo cambia para tu bien. Dios te ama y espera por ti.

Pr. Herman Gajardo P.