“25. Pero a medianoche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios; y los presos los oían.
26. Entonces sobrevino de repente un gran terremoto, de tal manera que los cimientos de la cárcel se sacudían; y al instante se abrieron todas las puertas, y las cadenas de todos se soltaron.”
Hechos 16:25-26
Pablo y Silas fueron encarcelados, antes fueron maltratados, azotados, y fueron puestos en el cepo, en una celda sucia, maloliente, y oscura. Su situación era triste, vergonzosa, su ánimo debía estar por el suelo; en casos así, lo que se nos viene a la mente es orar para implorar a Dios por su ayuda, quizás clamar a Dios con mucho ruego y con el corazón abatido, pidiendo a Dios que los saque esa lamentable situación, pero al leer el versículo 25, nos damos cuenta que la reacción de Pablo y Silas fue totalmente diferente, pues leemos: “Pero a medianoche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios; y los presos los oían”, o sea, no estaban preocupados de su situación, ellos simplemente determinaron ¡¡alabar y bendecir el nombre del Señor cantando himnos..!!
Que tremendo y hermoso ejemplo podemos ver aquí, pues en medio de las dificultades nuestra prioridad sigue siendo el Señor, y en el versículo 26, podemos ver las poderosas y gratas consecuencias que experimentaron Pablo y Silas al alabar y adorar al Señor en medio de su complicada situación. Bendito sea el Señor..!!, pues ellos pudieron ver el poder que desencadena la adoración, y nosotros hoy, también podemos experimentarlo, pues Dios sigue siendo el mismo, y donde Él está, allí hay libertad.
Pr. Herman Gajardo P.


Sé la primera persona en compartir una reflexión.