“10. Y permaneciendo nosotros allí algunos días, descendió de Judea un profeta llamado Agabo, 11. quien viniendo a vernos, tomó el cinto de Pablo, y atándose los pies y las manos, dijo: Esto dice el Espíritu Santo: Así atarán los judíos en Jerusalén al varón de quien es este cinto, y le entregarán en manos de los gentiles. 12. Al oír esto, le rogamos nosotros y los de aquel lugar, que no subiese a Jerusalén.”

Hechos 21:10-12

Pablo llega a Cesarea y se queda en casa de Felipe el evangelista, y estando allí, vino de Judea un profeta llamado Agabo, el cual, según nos narra el versículo 11: “tomó el cinto de Pablo, y atándose los pies y las manos, dijo: Esto dice el Espíritu Santo: Así atarán los judíos en Jerusalén al varón de quien es este cinto, y le entregarán en manos de los gentiles”, sin duda alguna, el profeta Agabo, inspirado por el Espíritu Santo, efectivamente vió lo que le iba a suceder a Pablo, y lo comparte a los hermanos en ese lugar, con la intención de hacer desistir a Pablo de ir a Jerusalén. El versículo 12, dice: “Al oír esto, le rogamos nosotros y los de aquel lugar, que no subiese a Jerusalén”, pero Pablo, ya había tomado la decisión de seguir a Cristo, y no volver atrás, tal como esa canción que entonamos.

Muchas veces, en lo que nos toca vivir a nosotros en el día de hoy, también se nos presentan situaciones apremiantes, pero este ejemplo de Pablo nos debe ayudar a determinar siempre, el cumplir el propósito de nuestro ministerio al que hemos sido llamados y apartados, sin transar con los principios aprendidos, sin tergiversar la sana doctrina que la Biblia nos enseña, sin anteponer ideas loables de nuestra parte, pero que no están en los planes de Dios para nuestro cometido, aunque el peligro aceche.

Pr. Herman Gajardo P.