“4. Todo aquel que comete pecado, infringe también la ley; pues el pecado es infracción de la ley.
5. Y sabéis que él apareció para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en él.
6. Todo aquel que permanece en él, no peca; todo aquel que peca, no le ha visto, ni le ha conocido.”
1 Juan 3:4-6
En este párrafo bíblico que leemos hoy, el apóstol Juan, inspirado por el Espíritu Santo, nos deja por escrito las enseñanzas aprendidas directamente de Jesús, y comienza diciendo: “Todo aquel que comete pecado, infringe también la ley”, con lo cual nos aclara que el pecado en nosotros es lo que nos insta a infringir la ley, pues Dios nos entregó su ley a través de Moisés, y en esos 10 mandamientos, encierra todo lo que necesitamos saber, entender, obedecer, y poner en práctica, pero si transgredimos alguna ley, es porque el pecado nos ha empujado a desobedecer sus preceptos.
Pero Jesús llegó a intervenir nuestra vida que iba a perdición, y se presentó en el mundo hace más de dos mil años atrás, enviado por su Padre, Jesús apareció para quitar el pecado que nos dominaba, y vino a darnos salvación, pues cargó sobre Él, el pecado de todos nosotros, y muere sin pecado, porque no hay pecado en Él, por lo cual el precio de nuestra salvación fue pagada con su muerte en la cruz del calvario, llevándose para siempre nuestros pecados y dándonos la oportunidad de ser salvos si creemos en Él y en su sacrificio.
En el versículo 6 leemos que “Todo aquel que permanece en él, no peca”, y agrega que “todo aquel que peca, no le ha visto, ni le ha conocido”, o sea nosotros, los que hemos creído, si permanecemos en Él, no pecamos, su Presencia en nosotros no dejará que caigamos en las tentaciones del pecado, pero también aprendemos aquí, que todos los que pecan es porque no le han visto ni le conocen, así que procuremos dar a conocer a Cristo a quienes aún no le conocen, pues eso salvará sus almas de la muerte eterna.
Pr. Herman Gajardo P.

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