“6. Entonces Jehová dijo a Caín: ¿Por qué te has ensañado, y por qué ha decaído tu semblante?
7. Si bien hicieres, ¿no serás enaltecido? y si no hicieres bien, el pecado está a la puerta; con todo esto, a ti será su deseo, y tú te enseñorearás de él.”
Génesis 4:6-7
Ayer hablamos de las ofrendas que trajeron Caín y Abel y que solo la de Abel agradó a Dios. Los versículos de hoy son la continuación de lo sucedido, y vemos la frustración que sintió Caín al verse rechazado por Dios, tanto él como su ofrenda.
Me parece muy importante el analizar esta reacción de Caín, pues aún hoy persiste en muchos este mismo rechazo a alguna decisión del Señor. Y no me refiero a que Él es Soberano y decide lo que quiere. Si usted se fija en los versículos, se dará cuenta que en la conversación que sostiene Dios con Caín, Dios le pregunta el porqué se ha ensañado y decaído su semblante. Seguramente Caín estaba muy sentido y muy enojado por lo sucedido. Quizás como cualquiera de nosotros nos sentiríamos si lo que hicimos y nos esforzamos en hacer, no agrada a Dios. Pero no buscamos la raíz del problema sino que solo vemos lo que nos afectó a nosotros y no lo aceptamos. El ser rechazados es algo que nos afecta seriamente en nuestra estima.
Esta situación descrita en la Palabra es para que analicemos nuestra propia vida, nuestras reacciones frente a la adversidad, lo que sentimos cuando ocurre algo que no aceptamos, las determinaciones que tomamos. En esta ocasión, Dios mismo le enseña a Caín, y a nosotros: “si bien hicieres, ¿no serás enaltecido? y si no hicieres bien, el pecado está a la puerta; con todo esto, a ti será su deseo, y tú te enseñorearás de él”, en otras palabras, Dios nos está diciendo que el pecado siempre nos estará tentando, pero que de nosotros depende pecar o no hacerlo..!!, pues dice claramente: “a ti será su deseo, y tú te enseñorearás de él”, interesante... esto quiere decir que aunque vengan a nuestra mente pensamientos de mal, aún así, tenemos autoridad de Dios, por ser sus hijos, para rechazar los planteamientos del enemigo.
Y si te resulta difícil poder vencer al pecado, la Biblia tiene buenas noticias para nosotros: “Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo” (1 Juan 2:1). Maravilloso Jesús.
Pr. Herman Gajardo P.


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