“10. Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, Y renueva un espíritu recto dentro de mí.

11. No me eches de delante de ti, Y no quites de mí tu santo Espíritu.

12. Vuélveme el gozo de tu salvación, Y espíritu noble me sustente.”

Salmo 51:10-12

David es quien escribe este salmo, y profundamente arrepentido de haber pecado, pero no solo estaba arrepentido sino también a toda costa quería enmendar su maldad, pues dentro de él algo se quebró y se dió cuenta que el pecado había entrado en su corazón, y ahora estaba sucio, por lo cual ora al Señor y le suplica que cambie su corazón por uno nuevo, y en su clamor le pide a Dios que renueve ese espíritu recto dentro de él. David conocía a Dios y sus preceptos y reconoció cabalmente que había actuado mal, y él quería recuperar lo que había perdido por causa de su maldad.

En el versículo 11 leemos: “No me eches de delante de ti, Y no quites de mí tu santo Espíritu”, David se sentía mal, sabía que había perdido la cobertura del Señor, y sabía que Dios se apartaría de él, y lo maravilloso que era depender de Dios ahora estaba derrumbándose, y clama pidiéndole al Padre que por favor no quite de él su santo Espíritu, David estaba totalmente acongojado, avergonzado y arrepentido, él sabía que lo único que podía hacer era orar al Señor e implorar su perdón, abriendo su corazón y mostrando su arrepentimiento.

En el versículo 12 leemos las palabras de un hombre totalmente abrumado por el sentimiento de culpa que lo anula y lo constriñe: “Vuélveme el gozo de tu salvación”, exclama totalmente desgarrado al sentirse al borde del abismo que lo está separando del Señor, no quería perder la tremenda alegría de sentirse salvo y ahora el pecado lo condenaba a quedar fuera de la protección del Señor. Luego agrega: “Y espíritu noble me sustente”, David sabía que su sustento solo era el Señor, y ahora se sentía totalmente indigno a causa de su maldad, David necesitaba del Espíritu de Dios nuevamente en su vida. Quizás igual que nosotros hoy, si hemos pecado contra Dios, tomemos ejemplo de la actitud de David, pues solo así podremos llegar al corazón de Dios.


Pr. Herman Gajardo P.