“39. Cuando subieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe; y el eunuco no le vio más, y siguió gozoso su camino.
40. Pero Felipe se encontró en Azoto; y pasando, anunciaba el evangelio en todas las ciudades, hasta que llegó a Cesarea.”
Hechos 8:39-40
Es interesante notar aquí que, en situaciones como las descritas, la labor del Espíritu Santo es importante y primordial, en primer lugar pues es el Espíritu Santo el que “convence de pecado” (Juan 16:8), y aquí vemos cómo el eunuco etíope estaba totalmente convencido porque sin duda alguna el Espíritu Santo tocó su vida, y también fue el Espíritu Santo el que provocó esta situación y además sigue en control de todo. El versículo 39 dice: “Cuando subieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe; y el eunuco no le vio más, y siguió gozoso su camino”, en otras palabras, Felipe en obediencia a Dios cumplió una labor que él no planificó, sino que fue Dios mismo, y su Espíritu Santo estuvo a cargo de movilizar a Felipe para que el Evangelio llegara hasta Etiopía, y al concluir lo encomendado hace desaparecer sobrenaturalmente a Felipe al salir del agua, y el eunuco no le vió más y siguió gozoso su camino.
En el versículo 40, leemos: “Pero Felipe se encontró en Azoto; y pasando, anunciaba el evangelio en todas las ciudades, hasta que llegó a Cesarea”, Amén..!!, y Felipe aparece en Azoto, Felipe fue asombrosamente trasladado de un lugar a otro, de una manera inexplicable, pero a Felipe no le impresionó esa experiencia sobrenatural, pues el versículo dice que él siguió anunciando el evangelio en todas las ciudades, hasta llegar a Cesárea, o sea, nada le hizo perder el objetivo de cumplir el ministerio al cual Jesús lo había llamado y capacitado. De la misma manera hoy, nada ni nadie debe hacernos perder nuestro objetivo de predicar las buenas nuevas de salvación.
Pr. Herman Gajardo P.


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