“11. Y teniendo asidos a Pedro y a Juan el cojo que había sido sanado, todo el pueblo, atónito, concurrió a ellos al pórtico que se llama de Salomón.
12. Viendo esto Pedro, respondió al pueblo: Varones israelitas, ¿por qué os maravilláis de esto? ¿o por qué ponéis los ojos en nosotros, como si por nuestro poder o piedad hubiésemos hecho andar a éste?”
Hechos 3:11-12
La primera reacción de alguien que recibe una bendición es agradecer a quien le entregó esa bendición, pero el apóstol Pedro, aprovecha esta ocasión para aclarar la situación presentada y darle a Dios la gloria que se merece, pues todo lo que ahora somos se lo debemos a Dios, y nada podemos hacer sin que Él lo permita o lo provoque, es Dios quien siempre tiene el control de todo. En el versículo 11 podemos leer que: “Y teniendo asidos a Pedro y a Juan el cojo que había sido sanado”, quizás lo hizo en el fervor de su situación, para que Pedro y Juan no se fueran de su lado, y eso lo hace espontáneamente, y aprovecha tal vez de vociferar lo que ellos habían hecho por él, y la gente comienza a aglomerarse en ese lugar donde estaban, que era el pórtico de Salomón, una de las entradas del Templo allí en Jerusalén, y estaban todos maravillados, la obra del Espíritu Santo se estaba expandiendo en toda la ciudad, y los apóstoles estaban comenzando a ser utilizados por el Señor para dar a conocer su poder.
Pero Pedro es enfático en señalar que no son ellos los que están haciendo esto, de manera que la gente no ponga sus ojos en ellos, sino en Dios, y al respecto el versículo 12 dice: “¿por qué ponéis los ojos en nosotros, como si por nuestro poder o piedad hubiésemos hecho andar a éste?”, y esto, pues no era el poder de ellos o su benevolencia, es el mismo poder de Jesucristo que ahora, a través del Espíritu Santo en ellos, había comenzado a extenderse en cumplimiento a la orden dada por Jesús el día de su ascensión al cielo. Es el poder de Dios que vino a quedarse entre nosotros. Solo debemos creer en Él.
Pr. Herman Gajardo P.


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