“23. quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente;
24. quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados.”
1 Pedro 2:23-24
El apóstol Pedro aquí nos continúa hablando de Jesús como el ejemplo a imitar, pues Cristo es “sinigual”, no hay otro como Él, en el versículo 23 leemos: “quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente”, y cada una de estas afirmaciones son un verdadero desafío para nuestra naturaleza humana, pues nosotros normalmente tendemos a defendernos, y con un ataque similar al que nos ha afectado, y esto es debido a nuestra impensada reacción cuando nos sentimos agredidos, y esto siempre nos trae consecuencias de las cuales muchas veces tenemos que hidalgamente arrepentirnos y tener que pedir disculpas, pues quien no lo hace es tildado de violento, de cruel, de soberbio, de intransigente, todo lo cual nos aísla o nos relega a una posición incómoda, pero todo esto se puede evitar con el sabio consejo de la Palabra que nos enseña a “encomendar nuestra causa al que juzga justamente”.
En el versículo 24 leemos: “quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados”, enseñándonos con esto que Jesús sufrió por nuestros pecados, por nuestros exabruptos, por nuestra torpeza, y en la cruz nos redimió, nos perdonó, nos limpió de todo mal, nos justificó delante del Padre, y sus heridas sanaron nuestra culpa y las consecuencias de nuestro mal proceder; por todo esto, debemos seguir imitando su ejemplo de amor, de paciencia, y de bondad. Debemos ser luz en medio de la oscuridad.
Pr. Herman Gajardo P.



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