“13. Entonces Pablo respondió: ¿Qué hacéis llorando y quebrantándome el corazón? Porque yo estoy dispuesto no sólo a ser atado, mas aun a morir en Jerusalén por el nombre del Señor Jesús. 14. Y como no le pudimos persuadir, desistimos, diciendo: Hágase la voluntad del Señor.”

Hechos 21:13-14

Cuando Jesús predicaba el evangelio, decía: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame” (Lucas 9:23), y esta tremenda declaración no se puede refutar, es necesario e imprescindible el negarse a uno mismo, a morir a nuestros deseos, anhelos, incluso sueños, y dejar nuestra vida totalmente en las manos del Señor, y solo entonces seguirle, solo entonces no habrá trabas para que el propósito de Dios se cumpla en nosotros. El apóstol Pablo entendió a cabalidad esto, por lo cual, en el versículo 13 que leemos hoy, dice: “…¿Qué hacéis llorando y quebrantándome el corazón? Porque yo estoy dispuesto no sólo a ser atado, mas aun a morir en Jerusalén por el nombre del Señor Jesús”, o sea, no es que humanamente no nos duela el dejar lo que queremos, sino que lo hacemos por un fin muy superior a nuestros deseos, y esto es el alcanzar la gracia, el perdón y la misericordia del Señor, quien se entregó a sí mismo por salvarnos.

En el versículo 14, dice que sus amigos, sus consiervos, sus discípulos, todos desistieron de persuadir a Pablo, y solo dijeron: “Hágase la voluntad del Señor”. Los planes del Señor siempre serán superiores a los nuestros. Me identifico plenamente con esto, pues un día, junto a mi esposa, tuvimos que tomar una difícil decisión, y apartarnos de buenos amigos y consiervos, pero Dios ha sido bueno y fiel.

Pr. Herman Gajardo P.