“5. Él respondió: Sí, vengo a ofrecer sacrificio a Jehová; santificaos, y venid conmigo al sacrificio. Y santificando él a Isaí y a sus hijos, los llamó al sacrificio.
6. Y aconteció que cuando ellos vinieron, él vio a Eliab, y dijo: De cierto delante de Jehová está su ungido.
7. Y Jehová respondió a Samuel: No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón.”
1 Samuel 16:5-7
El profeta Samuel fue enviado por Dios a ungir al nuevo rey de Israel, y va a la casa de Isaí, padre de David, pero Isaí tenía 8 hijos varones y a uno de ellos había escogido Dios, Samuel esperaba que todo sería sencillo, pero Dios aprovecha esta ocasión y le entrega una tremenda enseñanza, que también nosotros debemos considerar en nuestras apreciaciones y puntos de vista.
Samuel llega a la casa de Isaí y les dice que viene a ofrecer un sacrificio al Señor, y santifica a Isaí y a sus hijos para prepararlos para el sacrificio. Cuando vinieron los hijos de Isaí a presentarse delante del profeta, Samuel al ver a Eliab asume que ese era el elegido por Dios, pues le pareció que tenía toda la pinta, el porte distinguido de un rey.
Pero Samuel se equivocó en su apreciación, y Dios le dice: “No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón”... no mires a su parecer, no te dejes impresionar por lo que tus ojos ven, porque caras vemos pero no corazones, las intenciones del corazón son las que Dios mira, y eso es lo que debemos aprender, a sopesar lo qué hay dentro del corazón de las personas, porque ahí es donde se prueba nuestra integridad, por lo cual si Dios mira el corazón, procuremos guardar nuestro corazón de las malas influencias del mundo.
Pr. Herman Gajardo P.



Sé la primera persona en compartir una reflexión.