“1. Dios, Dios mío eres tú; De madrugada te buscaré; Mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela, En tierra seca y árida donde no hay aguas,”
Salmo 63:1
Este versículo que leemos hoy, es el inicio de un formidable poema de íntegra adoración al Señor por parte del Rey David. Este salmo fue escrito cuando tuvo que huir al desierto por causa de un golpe de estado propiciado por su hijo Absalón (1 Samuel 15). En estas duras instancias, en donde las circunstancias le eran muy desfavorables, David sube a un lugar en el desierto de Judá, pero no para clamar a Dios por venganza en contra de sus enemigos, no para quejarse ante el Señor por lo que estaba viviendo, nada de eso, el corazón de David estaba solo enfocado en adorar a Dios, esto nos enseña que en medio de las dificultades, por muy terribles que estas sean, nunca debemos de dejar de adorar al Señor, y esto, pues Dios es digno de toda adoración.
En el versículo leemos: “Dios, Dios mío eres tú; De madrugada te buscaré; Mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela, En tierra seca y árida donde no hay aguas”… Hermosas palabras, que demuestran la integridad de corazón de David, pues su único afán era buscar el rostro del Señor, y abre su corazón para decirle a Dios que a pesar de todas las circunstancias adversas, su alma tiene sed de Él, que su carne lo anhela, que nada importa más que estar en su Presencia, que todo lo que necesita es a Él… qué tremendo ejemplo nos entrega David de dependencia del Señor, pues solo Dios es todo lo que usted y yo necesitamos. A Él sea toda nuestra adoración.
Pr. Herman Gajardo P.


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