
“11. Pero alégrense todos los que en ti confían; Den voces de júbilo para siempre, porque tú los defiendes; En ti se regocijen los que aman tu nombre.
12. Porque tú, oh Jehová, bendecirás al justo; Como con un escudo lo rodearás de tu favor.”
Salmo 5:11-12
Muchas veces lo hemos dicho, y ahora lo reiteramos: Dios es digno de toda adoración. En todo tiempo debemos alabarle y adorarle. No importan las circunstancias adversas que podamos estar experimentando, Dios sigue siendo digno de adorar. Por lo cual la adoración es importantísima en nuestro servicio al Señor. No podemos prescindir de adorarle. Nada es más importante que adorarle, nada.
Quienes hemos entendido este principio escritural, debemos cumplir con este ministerio sin tranzar. Pues al cumplir con esto algo glorioso ocurre en nuestras vidas, la Presencia de Dios nos visita, su gloria se manifiesta, el Espíritu Santo nos enseña de Cristo, y nuestro ser entero se conmueve, y la alegría brota desde dentro de nosotros, y sentimos como Él nos defiende, y su paz gobierna nuestro ser, y nos gozamos en Él porque le amamos.
El versículo 12 que leímos agrega que Dios bendecirá al justo, o sea a nosotros los que hemos creído en Él, los que hemos descansado en Él, los que hemos sido justificados delante del Padre por la muerte de Jesús en la cruz del Calvario. No somos justos según el punto de vista de justicia del hombre, sino que Jesús nos justificó y ahora somos justos... ahora somos salvos... “y como un escudo Él nos rodeará”...
Nada es más importante que adorarle... nada es más hermoso que estar bajo su cobertura y su protección... ¿qué importa lo que pueda venir?... en el Señor me gloriaré y en Él siempre confiaré... y a nada temeré...
Pr. Herman Gajardo P.


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