“7. Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros,
8. que estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados;
9. perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos;”
2 Corintios 4:7-9
Quienes hemos conocido al Señor y hemos dejado nuestras vidas en sus manos, sabemos y entendemos que mientras estamos aquí en esta tierra no siempre todo será color de rosa.
Toda nuestra existencia aquí es un peregrinaje hasta llegar a la meta que Dios ha fijado para nosotros.
En este pasar aquí, estamos expuestos a un sinfín de situaciones y experiencias que nos ayudan en nuestro crecimiento espiritual y así lo entendemos, por lo cual mas que una queja de nuestra parte, hemos aprendido a dar gracias a Dios, pues esa es su voluntad para con nosotros en Cristo Jesús, según nos enseña su Palabra.
El apóstol Pablo vivió y experimentó una serie de situaciones en su vida que para cualquiera son muy difíciles de soportar y seguir adelante sin perder el objetivo. Pablo desde la cárcel misma fue de donde escribió sus cartas para animar a los creyentes. Pablo aprendió a no quejarse y cuando lo hizo Dios les responde: “bástate mi gracia, porque mi poder se perfecciona en tu debilidad”.
Por eso, Pablo nos exhorta a honrar al Señor en medio de cualquier tribulación, porque lo que tenemos es tan grande, tan maravilloso, como un tesoro, pero en vasos de barro.
Así que podemos “estar atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos;” bendito sea siempre el Señor, Él es nuestra fortaleza.
Pr. Herman Gajardo P.


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