“15. La mujer le dijo: Señor, dame esa agua, para que no tenga yo sed, ni venga aquí a sacarla.
16. Jesús le dijo: Ve, llama a tu marido, y ven acá.
17. Respondió la mujer y dijo: No tengo marido. Jesús le dijo: Bien has dicho: No tengo marido;
18. porque cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es tu marido; esto has dicho con verdad.
19. Le dijo la mujer: Señor, me parece que tú eres profeta.
20. Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar.
21. Jesús le dijo: Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre.
22. Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los judíos.
23. Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren.
24. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.”
Juan 4:15-24
Que maravilloso es leer estos versículos, y ver como el Señor Jesús enseñaba con su actuar y aprovechando todas las circunstancias, para establecer preceptos y principios divinos, que en ese tiempo, y también ahora, debemos entender con claridad, todo lo que Jesús reveló con estas declaraciones, en relación a la adoración que el Padre valora. El relato habla acerca del encuentro de una mujer samaritana con Jesús, el cual esperaba al lado de un pozo, que volvieran los discípulos que habían ido a comprar alimentos, y Él aprovecha de pedirle agua.
La mujer se extraña que un judío le hable y le pida agua, pero Jesús le dice que el agua que ella saca del pozo le sacia momentáneamente su sed, pero que Él le puede dar agua que si ella la bebe jamás volverá a tener sed, y esto interesa a la mujer y le pide de esa agua, y Jesús le revela algo personal en relación a su condición de esposa, lo que la anima a ella a preguntarle su opinión en relación a cuál es el lugar donde se debe adorar si en Jerusalén o en ese pozo que era tan representativo históricamente, y Jesús aprovecha esta instancia para declarar que no se trata de un lugar físico en especifico donde se debe adorar.
En el versículo 23, Jesús le dice: “Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren”, esto nos revela que Dios busca adoradores, no busca adoración, Él busca “verdaderos adoradores”, y que le adoren en “espíritu y en verdad”, la adoración ya estaba establecida por Dios de mucho antes, pero se había perdido su esencia, y los adoradores eran solo en apariencia, pues su corazón estaba lejos de Dios, por lo cual Jesús establece que la verdadera adoración solo es en espíritu y en verdad y solo así es necesario que le adoremos. Debemos entonces examinarnos y sondear cómo es nuestra adoración, para agradar al Señor.
Pr. Herman Gajardo P.


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