“15. Jesús le dijo: Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas? Ella, pensando que era el hortelano, le dijo: Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo lo llevaré. 16. Jesús le dijo: ¡María! Volviéndose ella, le dijo: ¡Raboni! (que quiere decir, Maestro). 17. Jesús le dijo: No me toques, porque aún no he subido a mi Padre; mas ve a mis hermanos, y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios.”
Juan 20:15-17
María Magdalena es una referente de demostración de amor hacia el Señor, y lo vimos cuando quebró el alabastro de perfume para ungir los pies de Jesús, y ahora la vemos de madrugada el primer día de la semana, trayendo perfumes para poner en el cuerpo de Jesús, pero todo su anhelo se truncó al ver el sepulcro abierto y además el cuerpo de Jesús no estaba. Su desgarrador llanto inundaba sus ojos de lágrimas, y totalmente choqueada por lo angustiante de la situación, solo lloraba… y escucha una voz que le pregunta: “Mujer, ¿porqué lloras?, ¿a quién buscas?”, ella pensando que era el encargado del lugar de los sepulcros, le dice: “Si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto…”, el anhelo de María era honrar al Señor poniendo perfumes y especies aromáticas sobre su cuerpo, era una póstuma demostración de su amor.
Jesús le responde: “¡María!”, y ella reconoce la voz de Jesús, y exclama: “¡Raboni!” (que quiere decir Maestro), e intenta abrazarle los pies, pero Jesús se lo impide, y le dice: “No me toques, porque aún no he subido a mi Padre”… para entender esto, es necesario recordar que la ley estipulaba que el Sumo Sacerdote debía presentar la sangre del cordero en el lugar Santísimo, que representaba la Presencia de Dios en el Tabernáculo… y ahora Jesús, el Cordero de Dios, debía presentar su propia sangre para perdón y remisión del pecado de toda la humanidad, pero escucha el corazón contrito y humillado de una mujer adoradora, y detiene su propósito eterno… la adoración genuina es capaz de cautivar el corazón del Señor, y provocar una pausa en la eternidad. Maravilloso Jesús, glorioso Salvador.
Pr. Herman Gajardo P.


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