“3. Invocaré a Jehová, quien es digno de ser alabado, Y seré salvo de mis enemigos.”

Salmo 18:3

Qué hermosa, e importante enseñanza, encontramos aquí en este versículo, pues el salmista nos desafía a entrar en una nueva dimensión espiritual a través de la alabanza y la adoración al Señor. Una de las cosas que tenemos que tener muy claro es que todos los llamados al evangelio debemos ser adoradores, y no solo considerar como adoradores a los músicos y directores del canto congregacional en nuestros cultos al Señor, pues si lo entendemos así entonces no hemos entendido el llamado del Señor, nunca olvide que Jesús le responde al diablo, cuando fue tentado en el desierto: “Escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a Él solo servirás” (Mateo 4:10), y además, Jesús le dijo a la mujer samaritana: “Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren” (Juan 4:23).

En el versículo que leemos hoy, David nos comparte, lo que él ha aprendido y puesto en práctica: “Invocaré a Jehová, quien es digno de ser alabado”, no hay otro digno, solo Dios. Luego, termina el versículo con la siguiente enseñanza: “Y seré salvo de mis enemigos”, o sea, David sabía que mientras él adorara al Señor con integridad y sinceridad de corazón, Dios se encargaría de sus problemas y supliría todas sus necesidades. Jesús, un día dijo: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”, en otras palabras, Jesús nos enseñó a buscar el rostro del Señor, adorarle, reconocer su grandeza y majestuosidad, estar en su Presencia, y Él nos cubrirá con sus alas, y suplirá nuestras necesidades.

Pr. Herman Gajardo P.